miércoles, 4 de septiembre de 2013

REFLEXIONES DE UN HUMORISTA EN EL DÍA DEL LUNFARDO


Este 5 de setiembre se celebra nuevamente el Día del Lunfardo, incluído entre las celebraciones más importantes de la Academia Porteña del Lunfardo, de la que soy Académico desde el 4 de noviembre de 2006.
¿Qué estoy haciendo yo en la Academia Porteña del Lunfardo? ¿Cuál es la relación de un humorista con el lunfardo?

El vocabulario lunfardo
se inclina hacia el humor
La primera palabra del lunfardo que utilicé siendo muy niño, fue "chau"; ni yo sabía su procedencia ni era discriminada por el primer diccionario enciclopédico de la lengua castellana Vastus de Editorial Sopena de apenas 1500 páginas, que a mis 9 años me regalara mi abuela;  allí figuraba con total naturalidad consignándose: "¡CHAU! Int. fam. ¡Adiós!, ¡abur!". Mi cotidiano saludo, que más que un "adiós"  era un "hasta pronto" o un "hasta luego" sólo molestaba a una tía maestra –quien seguramente no tuvo entre sus compañeras de magisterio a Leonida Catalina Cuniberti– que le reprobaba a mi madre: "¡Qué feo que diga chau!" Por supuesto, mi madre jamás se avino a hacerme partícipe de esa inquietud de su docente hermana que imagino jamás habrá escuchado un tango, o por lo menos "Tres esperanzas" de Discépolo, cuando dice "cachá el bufoso… y chao / vamo a dormir" … O el de Homero Expósito "¡Chau… no va más!"… o el "Quien sabe una noche me encane la muerte / y, chau Buenos Aires no te vuelva a ver" del personaje de Cadícamo en "Anclao en París". Si mi tía viviera todavía, hoy podría explicarle usando palabras de Gobello, que el tan discutido e inextirpable chau, exceso de cortesía aplebeyado en los muelles y en los conventillos, había sido asimilado por el pueblo con ancho criterio y sin mojigaterías, de los dialectos inmigrantes, y que es voz de Italia, patria de sus padres, o sea mis abuelos maternos.
¿No les pasaría lo mismo que a mi tía docente a quienes se hicieron cargo de la Dirección de Radiocomunicaciones en 1943? "La Maleva" tuvo que llamarse "La Mala"; "Chiqué", "El Elegante"; "Susheta", "Distinguido", "El Bulín de la calle Ayacucho", "Mi Cuartito"; la "viejita" se volvió "mamita", y la "percanta", "muchacha". ¿Será por eso que mi vocación tanguera recién se despertó en mi adolescencia, cuando descubrí que ahí donde decía "muchacha que me dejaste", había vuelto a decir "percanta que me amuraste" y la "mamita" volvía a ser la "viejita"?

LA DISPOSICIÓN DE 1943

La insólita disposición de 1943 dio tema a más de un humorista de la época, y uno de ellos, que firmaba Jota Ce Ge –quien presumo era Juan Carlos Gianella, después uno de los directores, junto a Germinal Lubrano, de la revista "Descamisada"–, publicó en "Cascabel", el relato que, junto a muchos otros de variados autores, recopilé en mi libro "El Tango en el humor gráfico y escrito", y ahora comparto con ustedes:
"Arrabalio Gómez, tenía más que inclinación una imponente pendiente a la musa popular; claro que era un porteño cien multiplicado por la suma. Y al decir porteño, lo decimos en toda la extensión del mapa. Su corazón no estaba dividido en cuatro cavidades, sino en las cuarenta y cinco seccionales de policía que subdividen la tierra donde crece y se reproduce la musa del tango.
"Tierra cubierta con asfalto, pero no toda, ya que los días de viento se mete bastante por los ojos, y ésta ya es suficiente para dar de morfar al folklore ciudadano céntrico y excéntrico.
"Como buen porteño a quien el tango le tira y él a su vez le devuelve el fuego, no sabía música. No obstante, como consideraba que debía tener rudimentos de algún instrumento musical, trató de perfeccionarse en la práctica del agujero bucal y cuya ejecución consiste en pasar algún aire por él, en una especie de bostezo cerrado y al revés.
"Fue así que, silbando, construyó unas melodías bastante menos parecidas a otras y mediante un músico que sí lo era, hizo siguiendo la línea histórica, tradicional e intransigente, que éste se lo escribiera… pero, Arrabalio Gómez estaba destinado a sufrir él en carnes de su propiedad el drama que se hospeda en el tango.
"Y referirnos a este hecho, es referirnos a la brutal y antitanguera medida tomada por las autoridades que exigieron para ser autor de música de tango, la increíble cualidad de saber solfear.
"–¿Qué hacer? Bien comprendió Arrabalio Gómez que el destino se le iba de las manos como sus cinco pares de uñas. ¿Adónde iba el tango? ¿Qué querían hacer con él, refugiándolo entre el núcleo de los pervertidos en la enseñanza?
"El no dejarle hacer tango, puso más tango en el alma de Arrabalio, ya convertido en la viva y medio muerta imagen  del hombre que está solo y ya poco espera.
"Arrabalio no tuvo más remedio que hacerse letrista o poeta del suburbio o acuarelista de los barrios porteños, o, en síntesis, un cuarenta por ciento en los derechos de autor.
"Al principio, tuvo mucha desgracia, porque la mujer de él no quería irse de su lado ni a palos, con lo cual le privaba de la excusa lógica para cometer la letra.
"Tuvo que renunciar a sus principios realistas en aras de la musa popular, y un día, fuertemente inspirado con alcohol en distintas graduaciones, escribió una letra que comenzaba así:

"Percanta del barrio fule
que te abriste y me largaste
dejando el mantel de hule
pero en cambio te llevaste
la plancha que no garpaste.

"Una vez terminada, la llevó a un peluquero amigo que tocaba el bandoneón de noche en una orquesta, quien, sacudido por la sugestión del poema, ahí nomás se la llenó de notas, quedando de esta forma para la historia la composición intitulada ‘Me varaste en la vereda’.
"Con ‘Me varaste en la vereda’ bajo el brazo, nuestro amigo Arrabalio corrió a registrar la joya; no fuera que alguno se le anticipara al peluquero en la melodía que habían tomado de ‘Cavallería Rusticana’, y previo depósito de dos pesos quedó asegurada la paternidad de la obra.
"Tuvieron, necesario es confesarlo, que recorrer muchos directores de orquesta y pagar muchos copetines antes de que uno se decidiera a estrenarlo. Al fin, una tarde Arrabalio llegó a  su casa derramándose de alegría…
"–¡Una orquesta de Radio Belgrano le iba a estrenar el tango que iba a marcar un paso más en la perfección del género!  Ya estaba aceptada, y habían comenzado a ensayar…"
Y cuando ya parecía que Arrabalio Gómez se salía con la suya, Jota Ce Ge defrauda a los lectores que habían empezado a identificarse con el personaje, escribiendo lo que sigue:
"No duró mucho la alegría de nuestro porteño. Otra vez las autoridades se interponían en la escalera de su vocación. Ya no estaba permitida la irradiación de letras que como la suya tenían términos lunfardos. Además, se enteró que si quería hacerse socio de la sociedad que le pagaría sus derechos de autor, tenía que dar previo examen de poética.
"¡Oh, mártir del arte del pueblo! –enfatiza el redactor de "Cascabel"–. Otra dura prueba había de sufrir su corazón.
"Intentó corregir la letra, pero no le convenció lo que quedaba.
Efectivamente, ayudado por una hermana sometieron a un proceso de depuración al tango, dejándolo como sigue:

"Chicuela del barrio afeado
¿por qué has partido sin mí
y contigo has transportado
un utensilio que sí
aún no estaba abonado?

"No pudo ser.
"Además, la única manera de arreglar el título era cambiar ‘Me varaste en la vereda’ por ‘Desolación en la vía pública’.
"Desolación era la suya. No podía, por más esfuerzos que hacía, componer una letra aprobable.
"Sólo después de tres años  dio con la tecla de los letristas modernos, se leyó íntegramente  a García Lorca  y a Neruda y compuso una letra que maravilló a cuantos la leyeron. Así rezaba el estribillo:

"Desolación de grises sombras
tierna y mojada luna
ilusión de estrella, farol,
suburbana senda de luz
azul bandoneón de triste barrio.

"Enloquecían los músicos al oírle esta letra que los maravillaba. ¡Adónde quedaban Expósito y Manzi con esto! ¡Esto era una letra!… ¡Esta sí que no se entendía!
"Pero tampoco se pudo estrenar como estaba –concluye Jota Ce Ge– Como no caía bien con la música que un gran músico le había preparado, tuvo que reformarla; eso sí, sin cambiarle una sola palabra… Unicamente cambió su orden y la publicó de atrás para adelante.
A fe que quedaba igual:

"Barrio triste de bandoneón azul
luz de senda suburbana
farol, estrella de ilusión
luna mojada y tierna
sombras grises de desolación."

Bien, dejemos a Jota Ce Ge, a Arrabalio Gómez y a la revista "Cascabel", y volvamos al comienzo de mi incursión en el lunfardo.

MI VERDADERA INCURSIÓN EN EL LUNFARDO

Sí, mi verdadera incursión en el lunfardo empezó en la adolescencia cuando aprendí unos pocos tonos en la guitarra y algunos punteos por cifra, y me puse a cantar, especialmente un tango en el que coincidían las preferencias de los aficionados de entonces: "Mano a mano", que me familiarizó con los términos "rechiflado", "bacana", "remanye", "percanta", "morlacos", "gavión", "acamala"… Después vendrían otros tangos, como "Yira… Yira" que me posibilitó acopiar "grela", "tamangos", "mango", "morfar", "manyés"… "Mi noche triste": "amuraste", "catrera", "cotorro", "bulín"… "Como abrazao a un rencor": "piantadas", "chamuyo", "chaira", "mina", "botón"… ¡Si me oyera mi tía docente a la que le parecía feo que dijera "chau"!…
Claro que nunca canté "en serio" –esto no significa que abordara exclusivamente los tangos cómicos, sino que sólo me consideraba un aficionado–; y tampoco lo digo porque al margen de cantar, se manifestara tempranamente mi vocación de humorista, que aunque nunca me lo he preguntado, acaso haya surgido por compartir el pensamiento de Massimo Bontempelli cuando sostuvo que "el humorismo es el único medio de no hacerse tomar en serio aun cuando se digan cosas serias, que es el ideal de los escritores".
Mi incursión en el humorismo me demostró que también allí estaba generosamente presente el lunfardo. ¿Leería historietas humorísticas mi tía?
Porque el nombre de muchos personajes denota capacidad lunfardística en sus autores: Afanancio, Allegreto, Artistoni, Avivato, Babilonio, Batilano, Batilio, Blableta el ventrílocuo, Bobalino, Bómbolo, Brutini, Calcetino, Callino, Cicuta, Cipayón y Tilinguín, Colonio, Confusio, Contraviento, Crapuli, Cristalino, Cuervosky, Don Grapini, Don Piernucho, Don Pitazo, Fúlmine, Julepino, Lechervida, Leiseca, Magolín, Necro, Orsolino, Pabiño, Patiño, Piantadino, Riverito y Bocarín, Suicidola, Tarrino, Timberio, Tolondrati, Vagonio, Videojito
Y en el humor redaccional me encontré tempranamente con Miguel Angel Babio Esquiú… ¡sí, Juan Mondiola! Y eso sí que fue toda una novedad lunfardística en el "Rico Tipo" de 1944 y para mí, con apenas 11 años de edad: "Cuando los muchachos tienen un lío sentimental me vienen a ver en seguida –se presentó Juan Mondiola–. Se me tirán al bofe. ¿Sabe por qué? ¡Porque no ignoran que en materia de polleras mi foja de servicios y mis años de pescante me otorgan una autoridad indiscutible!…". Con él conocí expresiones tales como "robustas boletas", "arrimar la chata", "bolada flor", "melón de nacimiento", "percanta poco carrereada", "cuando yo le pongo los puntos a un budín, es porque la pera está bien madura"…
Claro que en esto de tomar nombres del lunfardo, han seguido siendo mayoría los personajes de historieta, algunos de gran popularidad: Amarrotto, de Oski, publicado en "Rico Tipo", a quien lo evocó hasta un tango de Miguel Buchino y Juan Cao; Super Cartón, el primer super hombre tomado en solfa, personaje de Jorge Elena publicado en "Pobre Diablo"; Conventillo, historieta de Héctor L. Torino publicada en ‘¡Aquí Está!" con el encargado Don Nicola como protagonista; Las andanzas de Chancleta, de Vidal Dávila, autor después de Goruta y Picota, en "Don Fulgencio"; Chanta Ejecutivo, por Divito, en "Rico Tipo"; Chanta y Pufy, por Mario Suárez, en "Soplete"; Chanta Pami, por Garaycochea, en "Humor Registrado"; Chinchulín, por José Kraft, en "Tibor Gordon"; Musolino, de Osvaldo Laino; … En la vereda de enfrente de las "churrísimas" chicas Divito publicadas en "Rico Tipo", estaban los Escrachos de Delbueno que aparecían en "Avivato", y Don Fierro, de Quinterno, en la revista "Patoruzú", se refería a sus pensionistas Crosta y Costantino, como los "esquenunes".
Acaso algunos opinen que estoy hablando más como humorista que como Académico de la Academia del Lunfardo, pero si nos remitimos a Nyda Cuniberti, veremos que hace más de un cuarto de siglo, ella consideró que el vocabulario lunfardo podía usarse para un resultado literario, inclinándose exclusivamente hacia el humor; bueno, algo a favor tengo: no creo que nadie vaya a discutir mi condición de humorista.
Y si buscamos antecedentes como humoristas en nuestros Académicos, hallaremos unos cuantos ejemplos de incursión en el género: Nicolás Olivari lo hizo a través del Libro de Oro "Patoruzú"; César Tiempo a través de revistas como "Cosquillas" –donde publicaba unas sabrosas "Microbiografías de bolsillo"– y "La Hipotenusa"; Daniel Giribaldi, desde "4 Patas", "María Belén", "El Mundo", "TV Guía", "Tío Landrú", "La Hipotenusa" y "Caras y Caretas", 3ª época, entre otras; León Benarós, desde "Don Fulgencio", "Patoruzú" –en cuya sección "Libro de quejas" que firmaba con el seudónimo Furibundo Hepático solíamos ver reflejadas con humor nuestras propias broncas– y su propia revista "Medio Litro"
Voy a hacer otra acotación; es que cuando menciono a César Tiempo no puedo soslayar un diálogo que sostuvo con mi amigo Carlos Warnes, y posteriormente me fuera referido por éste: en rueda de amigos César Tiempo se lamentó: "Lo envidio a César Bruto: ¡su nombre sí que es lindo, y no el que yo tengo!" "No, qué esperanza… –le respondieron–, el nombre de usted es muy hermoso: ¡César Tiempo!" "Pero no en nuestro país, amigo… ¡No olvide que aquí los tiempos pasan, y los brutos quedan!"
Ha quedado flotando en mi mente la afirmación de Nyda Cuniberti de que el vocabulario lunfardo podía usarse para un resultado literario, inclinándose exclusivamente hacia el humor; porque el humor y el lunfardo tienen cosas en común o fácilmente relacionables. Ha dicho Gobello que la élite porteña cultiva la tilinguería lingüística tanto como la tilinguería social y no acepta ninguna transformación del idioma que no haya sido previamente incorporada a la gramática parda del Barrio Norte; veamos ahora qué opinaba sobre el humor, Ramon Gómez de la Serna: "Se sobrepasa gracias al humor, esa actitud por la que sólo se es un profesional del vivir, en toda la sumisión que representa ese profesionalismo". ¿Ven ustedes como yo la veo, cierta relación entre ese "profesionalismo" y la "tilinguería lingüística"?
Y repito la misma pregunta ante la siguiente reflexión de Gómez de la Serna: "El humor muestra el doble de toda cosa, la grotesca sombra de los seres con tricornio y lo serio de las sombras grotescas. El humor hace pariente de la mentira a la verdad, y a la verdad de la mentira."
Y esto que en parte, también puede aplicarse a esa élite porteña descripta por Gobello, que no acepta ninguna transformación del idioma: "El humor ha acabado con el miedo, debe acabar aún más con él. Cosa importantísima, porque sabido es que el miedo es el peor consejero de la vida, el mayor creador de obsesiones y prejuicios."

HACIA UNA GRAMÁTICA TOTAL

Hace casi cuarenta años, publiqué en mi revista "Humorón" una nota a doble página, titulada "Hacia una gramática total". Su joven autor, Hugo Martínez, compañero de mi hijo en "la secundaria" que firmó con el pretencioso seudónimo de Dámaso "Beto" Alonso, se ocupó en ella de los entonces nuevos tiempos verbales ("si viene a casa, perdió";  etc.); nuevos sustantivos ("loco", "flaco", "pálida"); nuevos verbos ("gastar", "romper", "copar", "perder"); nuevos adjetivos; revaloración de adverbios; nuevas construcciones retóricas; nuevos sistemas de afirmación, etc., justificando:
"Si entendemos las formas de expresión humana como una realidad viva y en evolución constante, no será difícil advertir el estado en que sobrevive nuestro vehículo primordial de comunicación: la lengua.  Engrillada por la retórica tradicional fracasa a menudo en su intento de reflejar una realidad mutante e inasible. Revitalización sintáctica y actitud creadora en el plano léxico resultan por lo tanto imprescindibles para la exposición precisa de la controvertida gama de sensaciones, opiniones y sentimientos surgidos del hombre contemporáneo a consecuencia de los impredecibles devaneos de la Historia."
Y ya apartándose de la retórica, agrega:
"Ya somos varios los flacos que, conscientes de esta situación, salimos al encuentro de un nuevo idioma, explorando al máximo las posibilidades de nuestra bienamada lengua. Son los frutos de esos estudios los que voy a exponer a continuación…".
Transcribiré para ejemplificar lo que dice sobre "Nuevos sustantivos":
"LOCO: Individuo completamente cuerdo de nuestra amistad. Se lo usa como reemplazo del nombre de pila y como testimonio de que actualmente lo normal es ser anormal.
"FLACO: Individuo gastador. Como vocativo, úsase sin embargo sin hacer distingos de personas gastadoras o no. Se emplea también a modo de comodín para dirigirse a desconocidos (‘Me decís la hora, flaco’)
"NEGRO: Persona de raza aria o amarilla por la que sentimos gran aprecio. ‘Qué hacés, negro, cómo te va…’
"PALIDA: La Muerte, Por antonomasia, toda situación funesta, trágica o desagradable. Es sustantivación de un adjetivo muy en boga."
Estos "estudios" incluían además, como he anticipado, "Nuevos tiempos verbales", "Nuevos verbos", "Nuevos adjetivos", "Revaloración de adverbios", "Nuevas construcciones retóricas" y "Nuevos sistemas de afirmación"; tras "exponer sus estudios" Martínez (a) Alonso finalizaba diciendo: "Nuestra contribución ha sido valiosa, pero aún falta mucho para que nuestra gramática pueda ser calificada de total. Esperamos que nuevos flacos vayan aportando nuevas soluciones para el viejo problema de la comunicación humana."
"El viejo problema de la comunicación humana", según el Génesis lo originaron los descendientes de Noé, por haber levantado la Torre de Babel para escalar el cielo que llevó a Dios a castigarlos con la confusión de lenguas. Tal vez no se hubiera llegado a tanto desorden y confusión y la historia habría sido diferente si en aquella época se hubiera contado con gente capacitada y tesonera como José Gobello y Marcelo Oliveri, dispuestos a encarar un Diccionario del habla de Babel, que reflejara esa realidad mutante. Porque aquí no es cuestión de pretender, como lo supuso allá por 1887 aquel médico polaco-ruso Zamenhof, conocido por el seudónimo Dr. Esperanto, quien había creado un idioma con este nombre, que pudiese servir como lengua universal.

JOSÉ GOBELLO Y EL HUMOR

Entre las múlriples facetas del actual presidente de la Academia Porteña del Lunfardo, no es la menos importante ni bajo ningún punto de vista, olvidable, su paralela larga trayectoria como humorista para lo que recurriendo en parte al vesrre, adoptó el seudónimo de Belgo; incursionando en tal género en "Don Fulgencio", "Pobre Diablo", "Descamisada", "Avivato", "Dinamita"… y alguna vez hasta compartimos las páginas de "La Hipotenusa", aunque aquí lo hizo más como lunfardista, pero de los nuestros, defendiendo nuestro lunfardo mientras se preguntaba: "¿Por qué las voces inventadas o asumidas por los ladrones españoles son aceptadas, y se rechazan las que difundieron los ladrones nuestros?  ¿Es que suena mejor columbrar que junar, avizorar que carpetear, amilanarse que julepear, soba que biaba, birlar que calotear? Está bueno que uno cuide su lenguaje, para que no lo tomen por chorizo, pero, choro por choro, ¿por qué no quedarse con los del país?"
En "Pobre Diablo", Gobello –o Belgo– escribía una sección titulada "¡Salúdelo!", en la que se ocupó entre otros, de dos humoristas colegas y amigos míos: Landrú y el ya fallecido "Mono" Villanueva. A Landrú le reconocería  el mérito de haberle hecho creer a la gilada que mersa es una palabra "in", y gracias a él dejó de ser voz exclusiva de Roberto Arlt y otros reos por el estilo.
Vuelvo al problema de la comunicación humana, o más precisamente de la incomunicación humana. Más de una vez me he preguntado si verdaderamente el problema estaba allí; tal vez si la confusión de lenguas no hubiera interrumpido la escalada en la torre de Babel, las cosas hubieran andado mucho peor aún. Recuerdo a propósito de esto el viejo chiste del marido que recibe con una amable sonrisa a la mujer que acaba de llegar, diciéndole: "¿Ya volviste, vieja loca? ¿Estuviste con las otras viejas arpías como vos sacándole el cuero a todo el mundo?"; y la mujer le responde: "No, vengo de lo del especialista en oídos que me curó por completo la sordera."
No entender qué dice el otro, es como estar sordo. Si todos fueran sordos, tal vez los primitivos beneficiarios del lunfardo no hubieran tenido necesidad de crearlo, aunque… los sordomudos son habilísimos para leer los labios del que está hablando.
Sí, era necesario el lunfardo para que los demás no supieran de qué se hablaba, pero surgen los estudiosos de este vocabulario –desde hace más de cuarenta años con rango de Académicos– y quedan todos deschavados, comenzando la gran competencia: unos inventan nuevos términos y otros logran traducirlos y los incorporan a nuevos diccionarios, lo que mantiene ocupados a unos y a otros, ya que término que se incorpora al diccionario deja de ser útil a sus creadores obligándolos a su reemplazo, y este reemplazo desactualiza al diccionario con lo que los otros tienen que trabajar en una nueva edición.
Aunque hoy que el lunfardo ha dejado de ser un lenguaje secreto de la delincuencia, no basta con entenderlo; necesitamos saber hablarlo para poder comunicarnos con quienes no nos entenderían de otra manera. Si no sabemos hablar en francés y llegamos a París, no es suficiente con un diccionario francés español, porque además de entender lo que nos dicen, ellos deben entender lo que les decimos nosotros; o sea que necesitamos un diccionario francés español - espagnol français. Del mismo modo, si llegamos a Londres y no sabemos hablar en inglés, necesitamos un diccionario español inglés - english spanish. Pienso que no sólo se debe entender a quienes hablan en lunfardo, sino que hay que poder comunicarse con ellos.

¡QUÉ MACANUDO EL LUNFARDO!

Porque hay que convenir en que de la misma manera en que podemos jactarnos de la riqueza del idioma español, en algunos casos es posible jactarse de la riqueza del lunfardo; baste para comprobarlo todas las maneras en que se puede llamar a un tonto: otario, chabón, fanega, melón, pamela, chitrulo, froilán, gil, giliberto, gilimursi, pastenaca, tarado, perejil, gilastrún, guiso, vichenzo… y hay más aún. Y aunque no son tantas las maneras de llamar al vigilante, hay más posibilidades de hacerlo que con el español tradicional: botón, cana, cobani, chafe, tonbo; tantas como al ladrón: chorizo, faite, choro, rocho, chorro
Los que no necesitamos el lunfardo para planificar sin testigos auditivos actos delictivos, lo hemos adoptado por descubrir que el idioma español, con toda su indiscutible riqueza, no tiene vocablos con tanta calidez como las que nos proporciona nuestro lunfardo en algunos casos: tomenos como ejemplo gomía; uno puede tener muchos amigos, pero si está forfai, ahí el único que lo comprende y asiste, es el ¡gomía!
Otro ejemplo: abundan las mujeres bonitas, pero la que acepta nuestro acercamiento se vuelve más cálida, y ya no podemos llamarla con ternura mujer bonita; para nosotros se torna ¡papirusa!
Un tercer ejemplo: podemos definir a una persona de nuestra amistad, como simpática y de espíritu amplio, pero si nuestro aprecio es muy grande, nada la define mejor que decir un tipo macanudo o una mina macanuda.
Claro que como decía Gobello en "Vieja y Nueva Lunfardía", "a ese lenguaje que parece forjado para la caricatura y que, sin embargo, puede expresar esta angustia:
Campaneando un cacho’e sol en la vedera
le ha quedado por nombre lunfardo, que textualmente equivale a lenguaje de los lunfas o lunfardos", pero "con él cantó la musa arisca de Villoldo –cuarteador, poeta, mito– y canta todavía la ciudad por las esquinas, en las noches ya sin compadres ni cuchillos".

Oscar Vázquez Lucio (Siulnas)
Académico Emérito de la Academia Porteña del Lunfardo



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